El amor es algo...
Eres lo más bonito de este día, del anterior y de todos los que vienen por delante.
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A traves de la copa miraba hacia sus labios rosados mientras mi mente guardaba con cariño cada palabra para saborearla como dulces cucharadas de azúcar en el café. Un mantel rojo intenso a juego con sus uñas y ambos dos iluminados por las velas que tintineaban y dejaban aroma a melocotón. Mi mano izquierda descansaba sobre su brazo. Mis ojos estudiaban cada movimiento, cada mirada… Tiempo atrás le contaba que las miradas desvelaban lo más profundo de las personas. Puedes mentir con la palabra, pero no con los ojos. Los suyos me dejaban sin respiración, aunque ella se negase a creerlo. Era como mirar al vacio, una mezcla del universo con cada estrella del cielo nocturno. Las copas casi vacías y nuestros cuerpos cada vez más cerca. Poco a poco la noche iba adentrándose en la oscuridad más absoluta. De fondo el sonido del mar acompañaba la velada y mecía el suelo bajo nuestros pies.
Los segundos ya no eran imprescindibles, se contaba el tiempo por latidos. Su perfume dulce me invitaba a besar su fino cuello y mis manos buscaban el camino hacia sus caderas. Necesitaba sentirla cerca, cada vez que se alejaba unos milímetros mi cuerpo se estremecía y tiraba de ella para no soltarla jamás. Mis labios llegaron a su cuello, la noche era fría pero no importaba, juntos lo demás era problema de otros. Sujetaba su peso sobre mis brazos y observaba como cerraba los ojos lentamente. Me moría por besarla como nunca había besado a otra persona. Con calma y deseo me fui acercando hacia sus labios. Siempre he pensado que el momento justo antes del primer beso es algo que no se puede describir con palabras. El corazón te late más rápido, sientes la respiración de la otra persona e intentas no morir con la tensión del momento. Yo sentía su respiración, y ella la mía. Nuestros labios casi se rozaban y ahora los dos cerrábamos los ojos. Unos milímetros que parecían kilómetros nos separaban de sentir al otro. Ese beso escenificaba sin palabras todos los “te quiero” que se nos escapaban a cada minuto. Había merecido la pena la espera, y ahí nos encontrábamos los dos, absortos en un hechizo sin importarnos que se acabara el mundo. Por fin nuestros labios se encontraron, en un profundo beso que no queríamos terminar...
Abrazados el uno al otro mirábamos por la ventana, la luna rebotaba sobre el agua y las estrellas iluminaban el horizonte. Teníamos la libertad de estar solos, sin nadie que nos molestara. Rodeados de cientos de kilómetros de agua, mecidos y arrullados por el océano. Encima de la mesa una brújula marcaba el norte. Había estado ahí desde el principió. Estiré mi mano y la cogí mirándola con cariño. Se la puse en la mano y le dije que con esa brújula siempre podría saber donde estoy. Nunca más debería tener miedo a perderme, cada vez que me sintiese lejos y no notase mi calor, podría ponerla sobre su mano y buscar mi voz en la inmensidad del mar, puesto que no importaría lo lejos que estuviese, siempre tendría un momento para pensar en ella sin temer a decirla que la quiero más que a nadie.
Los sueños son algo irreal que te marca el camino para hacerlos realidad. Tu eres mi sueño y mi realidad, mi amor y mis ganas de seguir adelante. Si temes perderme, usa tu brújula para encontrarme, vivimos uno al lado del otro, por muchos kilómetros que nos separen.
Te quiero.
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