Esta es de hace poco y dice mucho más de lo que parece. Aun así es una historia que me encanta.
Todas las noches viajo hacia el cielo oscuro para sentir una de las experiencias más bonitas. Mi equipo en el cinturón, mis gafas y mi sombrero para ayudar en esta ardua tarea. No todas las noches nos sorprenden, muchas volvemos con las manos vacías. Sin embargo a veces tenemos la suerte de encontrarlas y poder ser los elegidos para volver con una pizca de felicidad.
Me llamo Ark, y soy cazador de estrellas.
Para ser cazador de estrellas tienes que tener un corazón puro. Necesitas una mente despejada y sobre todo mucha determinación y labia. Cazar una estrella no es fácil, hay que seguir una serie de procesos para conseguirlo con éxito. Primeramente hay que localizar la estrella, centrarse en ella y no perderla de vista. Andando lenta y pausadamente por el firmamento tienes que ponerte a su lado. Con las manos en la espalda y los ojos bien abiertos, tus labios tienen que presentarte ante ella. Realmente no cazamos estrellas, ellas deciden venir con nosotros. No es fácil convencer a todas. Las más viejas de todas saben más, pero a su vez están más cansadas. Las más jóvenes tienen la vitalidad necesaria, son aventureras y les gusta el riesgo. Una vez te has presentado tienes que extender tus manos, mostrar las palmas y cerrar los ojos. De esta forma pueden sentir tu corazón, pueden saber al instante si eres un alma pura. Las estrellas no son fáciles de engañar, si no cumples los requisitos mejor que no lo intentes, podrías volver desilusionado. No todo el mundo vale, y eso ellas lo saben. Cada estrella es diferente, las hay habladoras, las hay calladas, las hay que cambian de color e incluso algunas que parpadean. Una vez la estrella ha notado que eres lo suficientemente especial como para poder hablar con ella, su dulce voz llega a tu cabeza sin que nadie más pueda oírla. Hace milenios los piratas hablaban de los cantos de las sirenas, pero si de verdad llegasen a escuchar a una estrella, quedarían hipnotizados. Precisamente por esto, es necesaria una mente fuerte, necesitas comunicarte con ellas. Una vez te pones a hablar con una estrella no sabes cuándo podrás parar. El tiempo no existe y las noches no terminan, te pueden parecer días lo que en realidad son segundos. Si tienes suerte a lo mejor te cuenta algo interesante, ellas lo ven todo. Hace unos días encontré una que me dijo que los mares de plata de la meseta habían estado canturreando junto con las colinas azules, hecho que nadie esperaba. Es fantástico ser cazador de estrellas, y no lo cambiaría por nada.
Después de una larga conversación tienen que decidir si quieren irse contigo. Es ahí cuando tienes que prometerles que estarán bien. Las estrellas son grandes dosis de felicidad en un espacio muy pequeño, felicidad dulce y delicada. No se caza una estrella para comerciar con ella, somos pocos los que nos atrevemos y solo se puede pasar a una persona que quieras de verdad. Las más juguetonas las llamamos estrellas fugaces, solo he cazado una en toda mi vida. Andar por el firmamento no es fácil, pero correr es casi imposible. Un planeta, estrellas, asteroides, algún que otro satélite… Tienes que ir sorteando miles de objetos inesperados; una vez me encontré unas gafas.
En resumidas cuentas, no existe nada más especial que una estrella, qué haríamos sin ellas. La gente no repara en el cielo desde que subimos a curiosear. No saben el valor que tienen y como pueden cambiar sus vidas.
Para bien o para mal es una experiencia que no me importa experimentar cada noche. Hay noches en las que es imposible cazar ninguna. Desilusionado bajas andando con la mirada en el horizonte y las manos en los bolsillos. Pero hay que ser optimista y proteger a las estrellas.
Cuando termina la noche y el sol empieza a salir por el horizonte me paro en seco, me despido de ellas y sigo con mi vida. No hay que equivocarse nunca, aunque sea de día las estrellas siempre están ahí, esperando a que llegue la noche para que las visites y les cuentes miles de fantasías.
Beauty.
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