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 Sin Ti: es más una novela romántica, solo que tiene un toque érotico

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Helenisha

Escritor Novato

Mensajes: 14
Edad: 19

MensajeTema: Sin Ti: es más una novela romántica, solo que tiene un toque érotico   Vie Abr 09, 2010 10:03 am

[b]Sin Ti


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Capítulo I: En la luz de media noche



A media noche, más clara que de costumbre, el cielo parecía terciopelo, los inquietos luceros hacían contraste con la obscuridad que se asomaba desde la ciudad; Paris estaba dormida, la catedral que cortaba el manto nocturno se veía tétrica e imponente, las figuras inertes que la adornaban parecían rodearse de cierta obscuridad, eran testigos de lo que iba a pasar.


Una dama de cabello escarlata había llegado a la imponente catedral de Notre Dame, sus cabellos lacios caían en una trenza por su hombro derecho, usaba un hermoso vestido azul opaco con unos guantes de encaje, un chal y unos botines negros acorde a la moda de la época que se encontraba rezando en una de las bancas,


- Por favor, solo pido que se me cumpla esa petición-


Repetía para sí misma y un dios que tal vez la perdonaría y algún día terminaría su maldición…


Mientras tanto un clérigo la contemplaba desde una escalinata, sentía tanta pena por ella, su situación en verdad que no se lo deseaba a nadie, mucho menos a una joven tan dulce que conocía desde su infancia y a la cual había visto crecer con una sonrisa que emanaba calidez, se dirigió hasta donde se encontraba y colocó su mano en el grácil hombro


- ya es hora hija mía, ve -


Pasos apresurados se escuchaban saliendo de Notre Dame, Eleonor Buriel sentía la punzante sensación de culpa mientras recorría el empedrado adyacente al monumental templo, sus ojos contemplaban el hermoso cielo de esa noche, y el viento mecía su vestido y cabello mientras sentía como las gárgolas inertes la quemaban con la mirada, una delgada neblina cubría la vista del Sena, estaba engañado a su marido una vez más, se encontraba jugado con fuego como probablemente lo haría en todas las noches en las que él se ausentaba


Había recibido la carta que la citaba a esa hora donde siempre, su servidumbre se encontraba dormida, su más fiel dama de compañía, amiga y confidente sabía lo que ocurría, solo necesitaba ver el rostro iluminado de su joven señora, conocía tan bien de sus paciones con aquel joven, todo lo de su matrimonio arreglado con el señor Arthur y sabía que aquel amor secreto era lo único que la mantenía cuerda; solo deseaba su felicidad, después de todo era la persona más importante de su vida.


Después de quedar huérfana su familia la acogió y cuido como a una hija y con gusto asumió sus responsabilidades cómo dama de compañia cuando se casó.


Eleonor se salía con su ayuda, quien la cuidaba como a su hermana menor, Christine sin duda más que su sirvienta hacia un papel de amiga, sonrió con una alegría amarga solo al pensar que su destino era peor que el de ella, al menos ella podría elegir con quien compartir su vida y no se encontraría nunca con la situación de verse a escondidas con su verdadero amor; solo con recordar sus besos y caricias apresuro más el paso.


Nicolas Buriel un alegre mercader y señor de cabellos rojos, con algunas canas, estaba felizmente casado con la mujer más hermosa que podría alguien imaginar Émilie Supervielle, él le contaba a Eleonor cuentos de las Indias y otros países que visitaba en busca de mercancía, cosa que hacía volar su imaginación; también ayudaba a su madre a cocinar deliciosos pasteles con mermeladas que ellas mismas hacían: de fresas, moras y uvas de la temporada, siempre les traía ropas y curiosidades de sus viajes y les decía con cariño "mis bellas oji-azules", todo era perfecto y su felicidad aumento con la llegada de Christine


Recordó el día en que su padre anuncio su inminente bancarrota, a Eleonor poco le importó, igual era feliz con la compañía de sus seres queridos: sus padres, su mejor amiga, casi hermana y por supuesto su fiel cocinera que permaneció junto a su familia a pesar de todo. A ella le fascinó esto puesto que la sabia Sra. Loire era para Eleonor su abuela.

Poco despues Émilie quedó embarazada y dió a luz a un apuesto niño, le llamaron Joseph, en honor al padre de Christine

Sacada de sus pensamientos vió una luz cerca

Divisó una carroza negra que aguardaba a la orilla del puente tal y como lo había prometido, su corazón latió desbocado y corrió, la joven de ojos azules reconoció al confiable y encanecido cochero que le sonreía mientras le abría la puerta de la carroza, dentro encontró la mano de aquel de melena negra, sujeta en una coleta y ojos cafés que tanto amaba, el joven y apuesto Pierre le tomó la mano y la ayudo a subir con delicadeza, su perfil de finas facciones dejaba a notar unas cejas definidas, sus ojos la veían con un profundo cariño y por un momento, Eleonor se ensimismo en sus labios, esos labios que eran el éxtasis y que moría por probar una vez más, sus facciones eran suaves y mostraban una sonrisa que sabía muy bien como derretirla, vestía una chaqueta negra sobre una camisa blanca que resaltaba su espalda ancha y sus bien formados músculos; después de todo no le gustaba vestirse formalmente, aunque lucía muy bien, pues destacaba su figura, usualmente lo comparaba con las estatuas de los antiguos griegos.


Sujetó firme y suave su mano, como si ésta fuera de porcelana, y no pudo evitar percibir lo único que arruinaba su gesto, la sortija de oro que poseía en su dedo.


Eleonor notó el cambio de semblante y no pudo descartar el amargo recuerdo de su boda:

Ella lucía un hermoso vestido de encaje, era una mañana bastante cálida, la iglesia estaba llena y decorada con rosas, pero su corazón estaba destrozado

“Considérela una propiedad, si ocurriese algún percance por parte de su familia que impidiese la boda con mi hijo y trataran de escapar, su madre y hermano quedarían a disposición de la policía” eso era lo que estipulaba el contrato que se había firmado con los Boissière para salir de la pobreza


Ese contrato le había destruido la vida, mas sabía que no era culpa de Arthur Boissière, su esposo, el no tenía conocimiento del trato que su padre había realizado.

Se encontraba inerte en el altar mientras escuchaba la fatídica frase “Eleonor, aceptas a este hombre como tu esposo”.

Lágrimas de aflicción y sollozos reprimidos se ocultaron detrás del velo, los invitados empezaron a murmurar por toda la iglesia, ella viró hacia las bancas buscando llorosa la mirada de Pierre, este solo asintió con la cabeza aunque, sus puños cerrados a muerte, indicaban su impotencia.

Tratando de esbozar una sonrisa, ella creó una mueca que se enmarcaba más con la amargura en sus ojos cristalinos,


-Sí acepto-.


Un nudo en la garganta se le formo y empezó a evocar toda la historia que había vivido con Pierre, se aferraba a sus recuerdos para poder hacer lo que había hecho, el tiempo y el olvido no podrían anular su amor, eso era lo que se habían prometido.

La recepción de tan esplendorosa boda parecía muda para ella, él solo se dirigió lejos de allí, no soportaba el pensar que esa noche sería para otro; al llegar a su casa se encerro en su habitación preocupando a su servidumbre.

Su habitación solo lo alteraba, desesperado empezó a destrozar todo lo que tenía a mano, no podía soportarlo, simplemente no podía.


La fiesta se había terminado, Eleonor con la mirada perdida hacia la luna pensaba en él, y solo imaginaba que estaba viviendo una pesadilla, todo era un escenario triste y frio, internamente sufría una lucha por no llorar, sabía lo que venía a continuación;

Pierre estaba desesperado, sin nada más que hacer, bebía y lloraba destrozado, la amaba tanto, se dirigió a la ventana de su habitación abriéndola para ahogar un poco sus sentidos y así poder conseguir un poco de paz, recordando los momentos que vivió con ella, divagando con su aroma, su sonrisa, rogando verla nuevamente, solo la evocaba, viajando al pasado, la luna parecía perder su luz al buscarla en su embriagues, solo quedaba un destello quemante que penetraba en su alma y le daba un poco de alivio.


Eleonor solo tenía a Pierre en su corazón, solo recordaba sus besos que parecían descomponer y aplazar el tiempo, Arthur la llevaba en sus brazos a la habitación de los “felices” recién casados, ella solo sentía las manos de él recorrerla lentamente y quitar sus prendas, pero no sentía nada más que el vacio, perdió la noción de la tierra, del momento, sabía que él la estaba besando fervientemente, pero en su mente ella estaba lejos, estaba en las tardes donde el sol se reflejaba en la mirada de su amado, en el cariño incondicional, en lugares donde no existía dolor, recordaba los caminos que recorría con él, donde su entorno se pintaba de alegría, donde la aurora precedía al sol, donde caían los campos de flores, reían; ella no estaba más en su noche de bodas, ella estaba con su amado Pierre.



De eso, solo había pasado 2 semanas



Dentro de la carroza los dos se miraron por unos segundos, él le había propuesto escapar innumerables veces, pero ella, temiendo por su hermano y su madre, lo rechazo rotundamente; Pierre comprendía el porqué, después de todo era su familia (aun con el acto tan despreciable que habían cometido sus padres).

Eleonor le acarició la mejilla suavemente en un gesto de dulzura que lo dejó sin habla, Pierre retuvo su mano se acerco a ella y la besó, queriendo comunicar todo el amor que sentía y que no podía describir con palabras.


El prometió protegerla pase lo que pase, más no podía evitar morder sus labios de miedo y preocupación, Pierre temía por su amada, tal vez lo mejor sería alejarse, pero sabía que tanto ella como él mismo morirían de tristeza, solo de verla sentía una dicha increíble y un delirante deseo de tenerla a su lado, de que solo fuese su mujer y de nadie más.


Eleonor le sonrió recordando esa tarde, estaba tan feliz al leer su carta, tan clandestina y bella felicidad, no podía ocultarla; él solo quedó embelesado, con una mano empezó a peinar los rojos cabellos y la otra sostenía su mano de marfil, se acercaron lentamente hasta que sus labios rozaron en un profundo beso.


La carroza comenzó a moverse, el viejo cochero ya tenía bien claras las instrucciones que su patrón le había dicho, estaba al tanto del romance de la señorita Buriel y del joven Pierre desde antes de la boda de ésta; Sabía a la perfección que si los descubrían serían terribles las consecuencias que sufrirían ambos, era triste el que los dos jóvenes se amaran tanto y tuvieran que esconderse de todos solamente para verse;

condujo lenta y silenciosamente por el empedrado de las calles hasta que llegaron a la casona de las afueras de la ciudad, les abrió la puerta y ambos salieron riendo y tomados de la mano hacia su habitación en el segundo piso; el cochero solo sonrió y se dirigió a descansar.


Ambos jóvenes, ambos amantes, solo se dirigieron a la habitación haciendo lo que para la sociedad era incorrecto, profesarse su amor fervientemente sólo con la luna como testigo, él la amaba con locura y ella correspondía ese sentimiento, ambos se encerraron en la habitación robando de la noche todo el tiempo que les era posible, él le sonrió seductoramente y se quitó la chaqueta negra que usaba, arrojándola hasta una silla que se encontraba en la esquina de la habitación; caminó hacia ella la abrazó por detrás y empezó a despojarla de sus prendas, estas cayeron suavemente al piso junto a sus pies, ya descalzos, dejándola al descubierto únicamente con un corset color hueso y unos seductores encajes color negro al igual que los guantes que aun tenía y los cordones que lo ataban de la parte de atrás, luciendo mejor su cuerpo, su delgada cintura, sus pechos firmes y bien formados y su cuello terso.

Una media enagua la cubría de la parte inferior con el mismo color claro, hecha de tricot con lisa y deslizante seda decorada con listones negros en los bordes que le llegaba arriba de la rodilla dejando al descubierto sus piernas, esas piernas que lo volvían loco, el sencillo peinado que poseía ya se había deshecho en el carruaje, por lo que su cabello lucía suelto detrás de su espalda.


Pierre la contempló por un instante, saboreando su belleza, le recorrió el cabello hasta uno de sus hombros, dejando el otro descubierto, sus manos se posaron en la cintura y comenzó a besar lentamente la base del cuello haciendo un camino hasta llegar a la parte trasera de la oreja susurrando con voz ronca un te amo,

sus manos se dieron a la tarea de desatar ese sensual pero estorboso corset en una dulce tortura que acabó cayendo junto con las demás prendas, sonriendo con el deseo aumentado en sus ojos empezó a acariciar suavemente la cintura hasta llegar a sus descubiertos pechos masajeándolos y mordiendo el lóbulo de la oreja, produciendo un gemido en ella, la volteó para quedar frente a frente y contemplarla mejor, empezó a besarla con frenesí y ella posiciono sus brazos alrededor de su nuca atrayéndolo más, después rodeó la cintura de él con una de sus piernas y él la sujeto acariciando su muslo y su trasero, presionándola sobre sí, ella solo sentía su sexo ya erecto sobre la delgada tela y eso la excitaba.


Pierre la acorraló haciendo que su espalda se apoyará en una de las paredes y empezó a presionar su miembro contra la intimidad de ella, Eleonor desabotonaba su camisa y con la ayuda de él, la arrojaba, dejando su torso desnudo, empezó a Besarlo y a presionarlo más sobre ella y él solo jadeaba al contacto de sus pechos, con los pezones ya erectos; no soportó más y la cargó hasta depositarla en la cama, acostándola y colocándose sobre ella, sintió unas manos desabrochándole el pantalón y él accediendo a su deseo se despojó de él y de lo que le quedaba de ropa.


Las manos recorrían en suaves caricias los cuerpos desnudos y Pierre empezó a depositar suaves besos en la base del cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja provocando un gemido nuevamente, sonrió al pensar que era el único y que conocía cada punto que la hacía volátil, así como ella conocía los suyos; ella le acariciaba la espalda hasta llegar a sus muslos bien formados y él descendió sus besos, ahora más impulsivos hasta llegar a su pecho, comenzando a besar, morder, lamer y succionar su pezón logrando que arqueara la espalda de placer,

al momento que ella no soportaba más empezó a rasguñar su espalda, al hacerlo provocó en él un escalofrío de pies a cabeza y un suspiro que la excito aun más; ya no, ni un momento, su cuerpo entero gritaba por fundirse con ella, pero la amaba, y quería que fuera una noche inolvidable, así que esperaría hasta que ella no pudiera más.


Pierre empezó a tentarla depositando suaves besos en sus muslos y acercándose más y más a la intimidad ya húmeda, ella solo estaba tendida en la cama, jadeante y expectante; hasta que empezó a jugar con su lengua, cada segundo se volvía una tortura, él la veía con más deseo que nunca y ella sólo suplicaba por que acabara el martirio


- Por favor, hazme tuya – dijo con una voz gutural, casi felina y jadeante


Pierre sonrió de medio lado por saber que había logrado su cometido.


- Te amo, y voy a hacer que esta noche la disfrutes en su totalidad –


Pierre colocó su miembro en la entrada lista para él, ella sólo lo miro con un dejo de tristeza, como quisiera que hubiera sido el primero y el único, entendió su pensamiento y le sonrió gentilmente dándole un dulce beso en los labios


- Está bien, eres la persona a la que más amo y eso no ha cambiado, ni cambiara –


Ella sonrió, y volvió a su posición, empezando a penetrarla lentamente y con delicadeza, porque no importa que haya pasado, para él, ella seguía siendo pura,

el deseo aumento conforme el ritmo en que la penetraba mientras ella enredaba sus largas piernas en su cintura, excitándolo por completo, después, volteó y se colocó a gatas haciendo que él enloqueciera hincándose y volviendo el acto sexual agasajándose hasta que ella no podía más; los gemidos se volvieron gritos y sintiendo por primera vez un orgasmo, que solo él podía lograr,

Pierre siguió por un momento más y culminó liberando su ser en ella, salió de su interior y la abrazó, quedando dormidos, ella en su pecho, sintiéndose infinitamente amada y protegida, él abrazándola, sintiéndose dichoso y el hombre más afortunado por tenerla a su lado.


Después de sus fervientes besos, de sus caricias, el hacer el amor con su amado Pierre la había marcado de por vida, ese momento en el que se perdió su mente y solo quedaban las sensaciones, la piel despierta en éxtasis, los cuerpos aclamándose entre sí, ese momento en el que los dos podían escapar de la realidad.


Hasta que se terminaba la noche y el dulce sueño de ambos se disipaba con los primeros cantos de las aves del alba; Eleonor tenía que regresar.


Los dos amantes se despidieron lentamente en el silencio de la madrugada, robando hasta el último atisbo de tiempo, ella subió lentamente al carruaje asistida por él; antes de separarse para volver a lo que sería una espera de volverse a encontrar.


- Nos volveremos a ver, mi hermosa flor – dijo mientras besaba su mano


Ella le brindó la más cálida y sincera sonrisa mientras se cerraba la puerta del carruaje, y mientras éste comenzaba su partida.


Pierre se cubrió los ojos del paso de los rayos de la farola al pie del cancel que daba a la casona, mientras contemplaba el carruaje que se alejaba por el sendero; la amaba tanto, pero en verdad la situación comenzaba a exasperarlo, la quería solo para él; quería mañanas eternas y noches en las que fueran uno sólo.


En verdad que no era cosa fácil, pero ella lo había logrado, lo había cambiado y lo había hecho parte de sí; su esencia la invocaba, cada parte de su cuerpo la aclamaba y sentía el frio de su ausencia, ¿Cómo es que una chica tan noble y bella como ella estaba aprisionada en tan complicada situación? Pero no importaba nada, puesto que la amaba más que a cualquier cosa en este mundo, la nada se apoderaba de su alrededor y solo se remontaba a los recuerdas de ella, ¿Cómo no divagar entre sus memorias, si todo pierde su luz al no encontrarse en su compañía?


Quiso sonreír, pero lo único que pudo esbozar es una mueca irónica, mientras la noche agonizante era testigo de su dolor.



CONTINUARA...

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Espero y les haya gustado, soy bastante nueva en esto, pero subire las continuaciones los domingos



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Última edición por Helenisha el Sáb Abr 10, 2010 7:51 pm, editado 1 vez
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kat

Autor de Renombre

Mensajes: 2202
Edad: 30

MensajeTema: Re: Sin Ti: es más una novela romántica, solo que tiene un toque érotico   Vie Abr 09, 2010 10:20 am

Hola!!

Veo que has empezado fuerte presentando ya uno de tus relatos, pero presentarte por favor en el Foro para que conozcamos más cosas sobre ti:

http://jovenesescritores.activoforo.com/presentaciones-f2/

Saludos!!
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Helenisha

Escritor Novato

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MensajeTema: Re: Sin Ti: es más una novela romántica, solo que tiene un toque érotico   Sáb Abr 10, 2010 7:52 pm

Lo siento, ya vi los errores que tenía, y por supuesto ya los correjí
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Helenisha

Escritor Novato

Mensajes: 14
Edad: 19

MensajeTema: Re: Sin Ti: es más una novela romántica, solo que tiene un toque érotico   Mar Abr 27, 2010 5:49 pm

Capítulo II: La sombra del amanecer

Eleonor estaba dubitativa en el interior del carruaje, sólo se encontraba con la mirada perdida ¿en verdad era lo correcto seguir a su corazón? Recordaba el primer día en que se encontró con él;

En ese entonces ella no tenía el conocimiento, pero sus padres ya habían arreglado su compromiso para volver a tener la posición social que ellos merecían, fue en un cálido día de verano, a ella le encantaban las flores que perfumaban las campiñas a las afueras de la capital francesa y como al día siguiente era el cumpleaños de su nana Loire planeaba darle un lindo regalo:


- Christine, ¿me acompañas a buscar flores y, con suerte, Fresas maduras para nana?- preguntaba entusiasta jalando de la mano de la pobre y atareada muchacha


- Lo siento pequeña, pero tengo cosas que hacer por aquí- viendo que su entusiasmo se enfriaba esbozó una sonrisa –Pero consigue flores hermosas de mi parte que hare todo lo que pueda por cubrirte-


Eleonor se colocó un sombrero veraniego recogió una cesta y partió feliz hacia el mercado que se colocaba a las orillas del Sena y se detuvo por un momento a contemplarlo, en verdad que el verano le daba un aire fresco al ambiente, pensaba mientras se dirigía hacia Paul Fargue un cochero simpático y regordete que comía una manzana.

Éste le saludo amablemente y tras recibir dos monedas por parte de ella la llevó a tan ansiado rumbo, él la reconocía de inmediato, era a menudo por esa temporada que la joven Buriel le encomendaba tan grata tarea puesto que él la esperaba y recibía a cambio delicio-sos frutos que ella recolectaba, el solo pensar en tan deliciosas fresas, uvas y moras se acariciaba su poblada barba y se enjugaba los labios.

Era una hermosa mañana y el joven, gallardo pero sobre todo apuesto Pierre Antoine Saine Éluard decidió pasear a los alrededores de la casona en donde recientemente se había mudado, caminaba a lo largo de un riachuelo que comenzaba en el viñedo de su propiedad y le seguía a lo largo hasta las colinas llenas de lirios, buganvilias, azafranes y que pasado daba a extensos campos y valles.

La canasta la tenía casi al tope llena de hermosas flores, moras, nueces y fresas solo le faltaban los lirios que tanto le agradaban a su nana, después de ir tan temprano ya se había hecho mediodía, solo seguía el ruido del riachuelo no debía de estar muy lejos.

El carruaje se detuvo y Eleonor salió bruscamente de sus pensamientos, ya había llegado a su nueva casa, ésta que compartía con Arthur y una sombra opacó la alegría que reflejaba momentos antes al recordar su primer encuentro con el que sería su alma gemela, pesadamente giro el pomo de la puerta y entro con sigilo hasta su habitación, ahora todo se sentía frio, dolía el espacio que la separaba de Pierre, escuchó como la servidumbre empezaba a realizar sus tareas cotidianas, la vida seguía siendo igual de monótona y vacía, y lo único que pudo hacer es refugiarse dentro de su cama, cayendo pesadamente en el sueño que esa noche no había tenido, sonrió con el pensamiento y durmió.


Pierre tomaba una taza de café afuera de la casona viendo hacia los ya extensos viñedos y más específicamente hacia el riachuelo en el que se perdía su pensamiento hasta aquel glorioso día en que la conoció, a ella a quien sería su salvación y su dulce perdición:

Él seguía ensoñado en su caminar cuando de repente salió ella de entre la espesura del bosque y empezó a recolectar lirios que posteriormente colocaba en una canasta; era tan hermosa, su cabello se mecía levemente con la brisa fresca del agua cristalina, Pierre se quedó inmóvil encandilado a tan sencilla belleza, puesto era sencillamente hermosa.

Ella no se había percatado de su presencia hasta que levantó la vista y se sorprendió, dejando caer la pesada canasta esparciendo más de la mitad de su contenido al riachuelo, solo quedaban las suculentas fresas y una que otra flor; Eleonor se sentía a morir, tenía que volver a las dos de la tarde con el cochero y se le había caído casi todo al rio.


- ¡¿Pero qué haré ahora?!- dijo completamente turbada y con los ojos enjugados, mientras recogía lo que podía salvar.
Pierre se dirigió inmediatamente para ayudarla y quedo anonadado con sus hermosos ojos azules, Eleonor no sabía qué hacer o decir

- Graaa….gracias- dijo balbuceando y sonrojándose mientras torpemente re-cogía las cosas que tiraba
El verla apenada y nerviosa lo hizo estremecerse, el viento ondeaba lentamente los largos y rojos cabellos, la luz del sol se reflejaba en su cara haciéndola parecer una visión, simplemente era exquisita.

- Lamento el inconveniente, pero ¿Qué es lo que estaba recolectando?- Pre-gunto un tanto avergonzado.


- Son flores y frutos que planeaba regalarle a alguien muy especial, mañana es su cumpleaños,- respondió mientras seguía recogiendo lo que podía del agua

-pero a todo esto ¿Quién es usted? Si se puede saber- pregunto mientras se incorporaba y sacudía sus manos

Él la imito y se incorporo mientras arrancaba un lirio y se lo daba de una manera galante que logro sacar a Eleonor un nuevo rubor

- Mi nombre es Pierre Antoine Saine Éluard- dijo orgulloso mientras hacía una pequeña reverencia -Todo un pla-cer madame… -


- Buriel, Eleonor Buriel- dijo correspondiendo la reverencia y brindándole una sonrisa –El placer es mío Meciere Pierre-


Eleonor, que nombre tan bello y apropiado para aquel ángel que lo había deslumbrado desde entonces, se decía ensimismado mientras sorbía lo que quedaba de su café contemplando los primeros rayos del amanecer de entre las vides que ya al día siguiente comenzarían con su recolección y su posterior proceso para extraer el más exquisito vino de toda Francia, vino que también era importado a España e Inglaterra por primera vez

Mientras tanto cierta joven era sacada de su breve descanso por su mejor amiga y confidente, aunque ésta le era mayor únicamente por dos años le ganaba en madurez y sensatez; y aunque era en cierta forma estricta, solo veía por el bien de aquella joven que desde el momento en que se convirtió en su señorita; ganó su corazón, aunque al principio no fue así

Todavía lo recordaba como un breve murmullo del pasado, el día en que el señor Nicolas Bu-riel la llevo a vivir con ella.

Christine era hija de Amelie Bodelaire y Joseph Berzalioux, familia trabajadora que perdió a su patriarca en uno de los viajes, por supuesto Nicolas se encargó de que su madre recibiera el sueldo completo, más luego ella cayó enferma y murió, de inmediato Nicolas y Émilie la acogieron

La joven y reciente huérfana de apenas 12 años veía con recelo a Eleonor, puesto que creía que la iba a tratar con inferioridad, pero aunque solo contaba con tiernos 10 años, la trato como a su hermana y le compartía todo, incluso cuando estuvieron en bancarrota, rápidamente se ganó el corazón de Christine junto con su cariño y aprecio

Y allí estaba ella, con una coleta que dejaba ver su largo cabello castaño sentada alado de Eleonor, cubriéndola, cobijándola y apoyándola para encontrar su propia felicidad; lo que no sabía era que estaba despierta, siempre lo hacía mientras

Christine velaba por su sueño y sonreía internamente de tener esos recuerdos y sensaciones tan confortables desde que ambas eran pequeñas.

Después de un rato la conmovedora escena termino tras la partida de Christine a sus deberes, mientras Eleonor volvía al refugio de sus sueños





lamento la tardanza--- esque me han salido uno que otro compromiso por acá
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